sábado, 15 de mayo de 2010

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO (de Juan XXIII – adaptación)



Espíritu Santo,
perfecciona la obra que Jesús
comenzó en mí.

Apura para mí el tiempo
de una vida llena de tu Espíritu.
Mortifica en mí
la presunción natural.

Quiero ser sencillo,
lleno de amor de Dios
y constantemente generoso.

Que ninguna fuerza humana
me impida hacer honor
a mi vocación cristiana.

Que ningún interés, por descuido mío,
vaya contra la justicia.

Que ningún egoísmo reduzca en mí
los espacios infinitos del amor.

Todo sea grande en mí.

También el culto a la verdad
y la prontitud
en mi deber hasta la muerte.

Que la efusión de tu Espíritu de amor
venga sobre mí, sobre la Iglesia
y sobre el mundo entero.

CREO EN EL ESPIRITU SANTO


CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA 683-690

683 "Nadie puede decir: '¡Jesús es Señor!' sino por influjo del Espíritu Santo" (1 Co 12, 3). "Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá, Padre!" (Ga 4, 6). Este conocimiento de fe no es posible sino en el Espíritu Santo. Para entrar en contacto con Cristo, es necesario primeramente haber sido atraído por el Espíritu Santo.
El es quien nos precede y despierta en nosotros la fe. Mediante el Bautismo, primer sacramento de la fe, la Vida, que tiene su fuente en el Padre y se nos ofrece por el Hijo, se nos comunica íntima y personalmente por el Espíritu Santo en la Iglesia:
El Bautismo nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo. Porque los que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Verbo, es decir, al Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre, y el Padre les concede la incorruptibilidad. Por tanto, sin el Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin el Hijo, nadie puede acercarse al Padre, porque el conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo de Dios se logra por el Espíritu Santo.[1]

684 El Espíritu Santo con su gracia es el "primero" que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva que es: "que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo".[2] No obstante, es el "último" en la revelación de las personas de la Santísima Trinidad. San Gregorio Nacianceno, "el Teólogo", explica esta progresión por medio de la pedagogía de la "condescendencia" divina:
El Antiguo Testamento proclamaba muy claramente al Padre, y más oscuramente al Hijo. El Nuevo Testamento revela al Hijo y hace entrever la divinidad del Espíritu. Ahora el Espíritu tiene derecho de ciudadanía entre nosotros y nos da una visión más clara de sí mismo. En efecto, no era prudente, cuando todavía no se confesaba la divinidad del Padre, proclamar abiertamente la del Hijo y, cuando la divinidad del Hijo no era aún admitida, añadir el Espíritu Santo como un fardo suplementario si empleamos una expresión un poco atrevida... Así por avances y progresos "de gloria en gloria", es como la luz de la Trinidad estalla en resplandores cada vez más espléndidos.[3]

685 Creer en el Espíritu Santo es, por tanto, profesar que el Espíritu Santo es una de las personas de la Santísima Trinidad, consubstancial al Padre y al Hijo, "que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria" (Símbolo de Nicea-Constantinopla). Por eso se ha hablado del misterio divino del Espíritu Santo en la "teología" trinitaria. Aquí sólo se tratará del Espíritu Santo en la "economía" divina.

686 El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo del Designio de nuestra salvación y hasta su consumación. Sólo en los "últimos tiempos", inaugurados con la Encarnación redentora del Hijo, es cuando el Espíritu se revela y se nos da, y se le reconoce y acoge como Persona. Entonces, este Designio Divino, que se consuma en Cristo, "primogénito" y Cabeza de la nueva creación, se realiza en la humanidad por el Espíritu que nos es dado: la Iglesia, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, la vida eterna.

Artículo 8 "CREO EN EL ESPIRITU SANTO"

687 "Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Co 2, 11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que "habló por los profetas" nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos "desvela" a Cristo "no habla de sí mismo".[4] Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué "el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce", mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos.[5]

688 La Iglesia, comunión viviente en la fe de los apóstoles que ella transmite, es el lugar de nuestro conocimiento del Espíritu Santo:
-en las Escrituras que El ha inspirado;
-en la Tradición, de la cual los Padres de la Iglesia son testigos siempre actuales;
-en el Magisterio de la Iglesia, al que El asiste;
-en la liturgia sacramental, a través de sus palabras y sus símbolos, en donde el Espíritu Santo nos pone en comunión con Cristo;
-en la oración en la cual El intercede por nosotros;
-en los carismas y ministerios mediante los que se edifica la Iglesia;
-en los signos de vida apostólica y misionera;
-en el testimonio de los santos, donde El manifiesta su santidad y continúa la obra de la salvación.

I -LA MISION CONJUNTA DEL HIJO Y DEL ESPIRITU

689 Aquél que el Padre ha enviado a nuestros corazones, el Espíritu de su Hijo (cf Ga 4, 6) es realmente Dios. Consubstancial con el Padre y el Hijo, es inseparable de ellos, tanto en la vida íntima de la Trinidad como en su don de amor para el mundo. Pero al adorar a la Santísima Trinidad vivificante, consubstancial e individible, la fe de la Iglesia profesa también la distinción de las Personas. Cuando el Padre envía su Verbo, envía también su Aliento: misión conjunta en la que el Hijo y el Espíritu Santo son distintos pero inseparables. Sin ninguna duda, Cristo es quien se manifiesta, Imagen visible de Dios invisible, pero es el Espíritu Santo quien lo revela.

690 Jesús es Cristo, "ungido", porque el Espíritu es su Unción y todo lo que sucede a partir de la Encarnación mana de esta plenitud.[6] Cuando por fin Cristo es glorificado,[7] puede a su vez, de junto al Padre, enviar el Espíritu a los que creen en él: El les comunica su Gloria,[8] es decir, el Espíritu Santo que lo glorifica.[9] La misión conjunta se desplegará desde entonces en los hijos adoptados por el Padre en el Cuerpo de su Hijo: la misión del Espíritu de adopción será unirlos a Cristo y hacerles vivir en El:
La noción de la unción sugiere... que no hay ninguna distancia entre el Hijo y el Espíritu. En efecto, de la misma manera que entre la superficie del cuerpo y la unción del aceite ni la razón ni los sentidos conocen ningún intermediario, así es inmediato el contacto del Hijo con el Espíritu... de tal modo que quien va a tener contacto con el Hijo por la fe tiene que tener antes contacto necesariamente con el óleo. En efecto, no hay parte alguna que esté desnuda del Espíritu Santo. Por eso es por lo que la confesión del Señorío del Hijo se hace en el Espíritu Santo por aquellos que la aceptan, viniendo el Espíritu desde todas partes delante de los que se acercan por la fe.[10] (San Gregorio Niceno)

viernes, 14 de mayo de 2010

Día de fiesta en el cabildo.


El 25 de mayo de 1810 no fue un día como todos en Buenos Aires. A pesar de la tormenta, muchos hombres y mujeres se reunieron frente al Cabildo para conocer los nuevos sucesos políticos.
Cuando los adversarios de Cisneros se enteraron de que el virrey había renunciado, comenzó la fiesta. La calle se inundó de brindis, música y bailes. La alegría estaba justificada: era el broche final de una semana de marchas y contramarchas, que a partir de ese momento se recordaría como la Semana de Mayo.

Asi fue...

Ante los acontecimientos que sucedían en España, la prisión del Rey Fernando VII y la caída de la Junta Central de Sevilla, se convenció al Virrey de que se convocara a un Cabildo abierto para decidir cómo se gobernaría este Virreinato. Tras diversas reuniones se determinó celebrar un Cabildo abierto con los vecinos para el día 22 a las nueve de la mañana.

El día 22 se abrió la sesión diciéndole al "fiel y generoso pueblo de Buenos Aires" que las últimas noticias de los sucesos en España habían generado mucha alteración en el ánimo de la población y habían provocado inquietud. El Virrey había permitido que se hiciera un Cabildo abierto.

Una vez reunidos los vecinos se procedió a la votación sobre si debía o no seguir gobernando el virrey Cisneros.

Todos los participantes fueron dando su opinión acerca de la situación que se vivía. Y votaron.

De la votación resultaron: 155 votos por el cese del Virrey y 69 por su continuación en el mando.

El día 23 de mayo, se le comunicó al pueblo el cese del virrey.

El 25 de mayo de 1810, reunido nuevamente el Cabildo, los “vecinos, comandantes y oficiales” hicieron conocer que el pueblo había reasumido la soberanía y solicitaron se anunciara que habían formado una Junta de Gobierno.

Fue el primer gobierno patrio. La organización de una Nación libre e independiente estaba aún muy lejana, pero la formación de la Primera Junta el 25 de mayo de 1810 era el inicio del camino.

Fuente:

http://educ.ar/educar//Dossier Mayo 1810

Costumbres de la época colonial.


En el Buenos Aires colonial las casas eran bajas, muy parecidas entre sí, sus paredes eran gruesas pintadas con cal, tenían tejas rojas, ventanas con rejas de hierro y las infaltables macetas con flores.

Las casas tenían muchas habitaciones, con ventanales que daban a un patio con muchos árboles. En el patio se reunían las familias a tomar mate, conversar y comer ricos pastelitos.

Las calles eran de tierra y las veredas eran empedradas pero muy angostitas. Cuando llovía se hacía bastante difícil transitar por las calles de la ciudad.

Sólo las calles principales estaban alumbradas por las noches con un farol de vidrio y adentro se colocaba una vela de grasa, que el farolero encendía todas las noches.

El mobiliario de las casas era muy escaso, sólo las familias más pudientes tenían gran cantidad de muebles. Los platos y vajilla de loza o porcelana eran traídas de Europa, eran muy costosas sólo las familias adineradas e importantes de la colonia las tenían y eran utilizadas en ocasiones especiales ya que si se rompía una pieza era casi imposible reponerla.

Las clases sociales altas, de familias pudientes organizaban en sus casas, tertulias que eran reuniones en las que se invitaban a sus amistades escuchaban música, se conversaba, se bailaba, se reunían en una gran sala iluminada con muchos candelabros, y se vestían con sus mejores ropas, allí se servían comidas típicas como empanadas, pastelitos, etc.

La música que escuchaban era suave como por ejemplo el minue que se ejecutaba en el piano.

Las damas usaban vestidos largos hasta los pies armadas con enaguas de volados, confeccionados generalmente por ellas mismas ayudadas por sus esclavas. Las telas eran traídas de Europa. También llevaban peinetones con delicadas mantillas, abanicos y sombrillas para protegerse del sol. Los sastres en esa época eran muy escasos y en el interior no existían. Las señoras también confeccionaban la ropa de sus maridos y de sus hijos.

Los caballeros se vestían con sacos de levita, camisas con volados, pantalones angostos o polainas, galera y bastón con puño de metal.

Algunas de las costumbres de aquella época por ejemplo era reunirse por las tardes en el patio de las casas a tomar mate, se servían por ejemplo mate amargo para los hombres, llamado cimarrón el cual estaba preparado en una calabaza curada con yerba y para las damas se servía mate dulce también cebado en una calabacita pero curado con azúcar quemada.

Las personas que escribían y recibían cartas debían esperar mucho tiempo, ya que los medios en que viajaban eran muy lentos, no existían aviones ni automóviles las mismas iban en barco o eran llevadas por un cartero llamado chasqui quien viajaba a caballo.
Las cartas debían ser retiradas en la oficina pública de la zona.

Los medios de transportes de aquella época eran escasos, existían las carretas, vehículos de dos ruedas grandes y techo de paja o de cuero de vaca tirada por bueyes, el viaje en carreta era muy lento e incómodo. Las diligencias o galeras las cuales eran un poco más cómodas eran tiradas por caballos.

También se viajaba en caballos, el medio de transporte más veloz de aquella época, los jinetes cuando viajaban por largos caminos de tierra se detenían a descansar en pulperías donde comían, jugaban, escuchaban música y descansaban un rato para seguir luego su agotador viaje.

Las distancias eran muy largas y no siempre existían caminos.


Fuente:

http://www.educacioninicial.com

http://www.educared.com


Hombres de mayo.

La Revolución de Mayo ¿quién era quién?

¿Quiénes fueron los responsables de los sucesos del 25 de Mayo de 1810? Les presentamos a los protagonistas.

Mariano Moreno / secretario
Era hijo de un funcionario de mediana jerarquía. Su madre, Ana María Valle, era una de las pocas mujeres en Buenos Aires que sabía leer y escribir, y Mariano aprendió con ella sus primeras letras. Se recibió de abogado en la Universidad de Chuquisaca y defendió a los indios contra los abusos de sus patrones.

Juan José Paso / secretario
Se había graduado como doctor en Jurisprudencia en la Universidad de Córdoba y allí enseñó filosofía hasta 1781.
Estaba a favor de un gobierno propio.
Miguel de Azcuénaga / vocal
Figura pública muy respetada. Había sido militar durante el último período colonial, había combatido contra los ingleses en las dos invasiones. Era partidario de las ideas de Moreno.
Juan José Castelli / vocal
Abogado recibido en la Universidad de Charcas. Era primo y amigo de Manuel Belgrano. Fue el encargado de defender la posición patriota en el cabildo abierto del 22 de mayo de 1810.
Manuel Alberti / vocal
Sacerdote tucumano. Cayó prisionero por los ingleses durante las invasiones. Los patriotas lo liberaron y así se incorporó a la resistencia. Junto a otros 400 vecinos, firmó el pedido de sustitución del virrey en el Cabildo Abierto del 22 de mayo.
Cornelio Saavedra / presidente
Saavedra era funcionario público hasta que, durante las invasiones inglesas,
descubrió que le gustaba ser militar.
Era moderado y prudente, cosa que molestaba a algunos de sus compañeros.
Domingo Matheu / vocal
Era un comerciante español. Tenía una de las más importantes casas comerciales de la ciudad. Había luchado en las invasiones inglesas como oficial en el cuerpo de Miñones. Era partidario de la independencia, por eso, se convirtió en sostén político y financiero de la revolución.
Manuel Belgrano / vocal
Estudió abogacía en España. Junto con Hipólito Vieytes había creado un periódico político en Buenos Aires: el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, en el que se difundían sus ideas. Participó activamente de la defensa de la ciudad durante las invasiones inglesas.
Juan Larrea / vocal
Comerciante español que había llegado a Buenos Aires a principios del 1800. Aunque había nacido en España, simpatizaba con la causa patriota. Colaboró con mucho dinero para que la Revolución tuviera éxito.

Cocina criolla del Bicentenario, para realizar en familia.


Celebremos el Bicentenario, como más nos gusta a los argentinos, a través de una rica comida.

Para ello te proponemos algunas recetas típicas para realizar en familia. Debajo encontrarás las entradas con las recetas.

Si querés saber de otras o más recetas podés entar en: http://www.chicos.net/bicentenario/cocina.htm

¡Disfruten este momento... y a cocinar rico!

Cocina criolla del Bicentenario, para realizar en familia.

ALFAJORCITOS PATRIOS

INGREDIENTES

• 100 g de manteca.
• 100 g de azúcar.
• 2 huevos.
• 200 g de fécula de maíz.
• 100 g de harina leudante.
• 1 pote de dulce de leche.
• Bol, fuente para
horno, palo de amasar.

Te proponemos festejar este nuevo aniversario de nuestro Primer Gobierno Patrio preparando nuestra especialidad criolla: alfajores de dulce de leche.

En el bol, mezclá la manteca con el azúcar.
Añadí los huevos uno a uno.
Incorporá a la mezcla la harina y la fécula. Mezclá todo con las manos y dejá reposar la masa 30 minutos.

Estirá la masa con el palo de amasar y cortá con el molde las tapitas del alfajor.


Poné en una placa de horno enmantecada las tapitas y cociná a horno fuerte durante 10 minutos. Dejá enfriar.
En una de las tapitas esparcí dulce de leche y uní con otra tapita... ¡listo!